martes, 29 de noviembre de 2016

La importancia de compartir los recuerdos


La semana pasada asistí a una representación teatral muy especial. El espectáculo, "El rapto de Europa", forma parte del proyecto coordinado por Jesús Rubio, consistente en recorrer Europa en busca de personas de la calle, gente de a pie dispuesta a compartir sus recuerdos.

Y las alumnas de la Universidad Popular de los barrios de Na Rovella y Morvedre quisieron participar en esta suerte de memoria colectiva por medio de una sesión teatralizada en la que nos contaron cómo era su barrio hace años y los detalles de la vida cotidiana en los barrios Monteolivete, la Plata, el Cabañal y Malilla.

De ese modo, quienes no vivimos esas épocas, pudimos conocer a base de fotografías, dibujos y su relato oral, cómo fue y cómo se vivía en la extensa y rica huerta que conformaba el paisaje de la periferia de Valencia, en especial la que hubo en los terrenos que hoy día ocupan la Ciudad de las Artes y las Ciencias y las grandes avenidas del distrito de Quatre Carreres.

La Universidad Popular de Valencia tiene una solera centenaria. Fundada por Vicente Blasco Ibáñez durante el curso 1902-1903, inició su actividad de acuerdo con el principio solidario de acercar la cultura a quienes no tenían acceso a ella, por falta de recursos económicos o sociales.

Tal como nos explicó Eva Such, directora de la UP Na Rovella, durante la Segunda República fue cuando desarrolló una intensa labor social de alfabetización y formación cultural entre la clase obrera y especialmente entre las mujeres. Aunque en el resto de países europeos las Universidades Populares resurgieron con fuerza tras la II Guerra Mundial, en España no lo hizo hasta la llegada de la democracia. Fue entonces cuando se impulsó por parte del Ayuntamiento de Valencia, retomando con fuerza su función formativa y lúdica en las barriadas de la ciudad. Y, de acuerdo con su principio de adquirir conocimientos compartiendo vivencias y opiniones, las alumnas de la UP de Na Rovella nos regalaron su memoria mediante una inolvidable sesión en la sala Espai Inestable, combinación perfecta de relato en primera persona, imágenes del pasado y danza valenciana.

Un aplauso a todas estas mujeres que, pese a ser la primera vez que subían a un escenario, se desenvolvieron con una soltura que convirtió al público asistente -la Inestable se llenó- en interlocutor atento de su relato. Y para celebrarlo, nos invitaron una tradicional picaeta valenciana -un coctel con productos y vino de la tierra- al finalizar la actuación. ¡Bravo por ellas!

Bravo, por descontado, a los responsables del bonito proyecto de rescate de la memoria colectiva que supone "El rapto de Europa", y bravo también a la Universidad Popular de Valencia por no dejar que se pierdan los recuerdos cotidianos de un paisaje urbano y un modo de vida que se fue y no volverá.

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