lunes, 4 de enero de 2021

UN VERANO EN LA PROVENZA en la selección Mejores Libros de Amor de espaciolibros.com



Estupenda manera de empezar el año con esta noticia: UN VERANO EN LA PROVENZA escogido por espaciolibros.com. Mi agradecimiento infinito, me hace muy feliz ver cómo se reconoce mi novela que además cuenta con una de las cubiertas más bonitas y evocadoras. Ya sabéis cuánto me gusta esconder un romance del pasado dentro de la historia actual, espero que disfrutéis de ambas historias de amor unidas por la vida, en el precioso ambiente de la Provenza francesa.

Léelo por 3,79€

jueves, 31 de diciembre de 2020

lunes, 28 de diciembre de 2020

Te regalo un relato navideño

 


Son tiempos difíciles y, más que nunca, necesitamos mantener viva la esperanza y el optimismo. Estas están siendo unas Navidades distintas, extrañas. Pese a la incertidumbre que nos rodea, no dejemos de sonreír ni de disfrutar del cariño de las personas que queremos, aun en la distancia.

Imagino que todos conoceis el cuento CANCIÓN DE NAVIDAD de Charles Dickens. Hace años imaginé un futuro para esa pequeña joya. Y, como ya es tradición, con este relato os deseo unas felices fiestas y un año 2021 lleno de sueños cumplidos.


"ALGUNAS NAVIDADES DESPUÉS...", por Olivia Ardey©


Scrooge estaba vivo, para empezar.
Y más feliz que nunca aquella tarde de Navidad. Sentado frente a la chimenea, sacudió el recipiente en el que calentaba granos de maíz y sonrió satisfecho. Gracias a aquella terrorífica noche tan lejana, supo combatir el futuro funesto que vaticinaban las visiones mostradas ante sus ojos por el tercer fantasma. ¡Bendita Navidad aquella!, porque a partir de entonces había gozado de la vida como de un regalo del destino, dichoso e inesperado.
—¿Cuándo estarán las palomitas, tío Eb? ¡Tardan mucho! —protestó el pequeño de ojos claros que tenía sentado en el regazo.
El maíz empezó a crepitar en el interior del recipiente de rejilla metálica.
—Un momento, pequeños —advirtió—. No seáis impacientes…
Los niños que se arremolinaban a su alrededor comenzaron a dar palmas, ansioso por saborear las deliciosas palomitas recién sacadas del fuego.
Hacía años que el viejo Ebenezer se había mudado de su enorme y vacía mansión para vivir en casa de su sobrino Fred, convirtiéndose así en un verdadero abuelo para sus cuatro sobrinos nietos. En ese momento se encontraba rodeado por un total de diez pequeños de todos los tamaños y edades. La casa de Fred se llenaba de amigos y parientes cada Navidad y Scrooge era feliz ejerciendo de niñero improvisado.
—¡Con cuidado! Si os arrimáis demasiado, podríais quemaros —rogó.
Una niña le acercó un bol enorme. Scrooge destapó el recipiente de hierro, pero mientras lo inclinaba estallaron un par de granos. Las palomita saltaron por los aires y los niños chillaron ante aquella inesperada tormenta de nieve, mientras el anciano reía con ganas.
—A veces pienso que eres más niño que ellos —dijo una voz a su espalda.
Scrooge miró por encima del hombro; Timothy Cratchit, lo estudiaba muy serio con las manos a la espalda. El anciano se encogió de hombros, y con una agilidad impropia de su edad, agarró el bastón y se puso en pie mientras los niños andaban a la caza de las palomitas esparcidas por la alfombra.
—La vida es muy corta, Tim; tienes que aprender a disfrutar de ella.
Estudió el gesto sombrío de aquél joven, al que quería como a un hijo. El pequeño Tiny Tim, aquél niño enfermizo, se había convertido en un hombre. Un joven alto y apuesto con mucho éxito entre las mujeres. Pero él no solía prestar atención a las miradas seductoras y suspiros femeninos que despertaba a su paso. Parecía que todo su interés se centraba en su trabajo, un puesto importante en la Banca de Londres.
Aunque el viejo Scrooge intuía que el corazón del joven latía en secreto por una mujer; por la pelirroja escocesa de ojos claros y soñadores que en ese momento Timothy contemplaba con una expresión atormentada.
—¿Has hablado con Jane? —preguntó el anciano; Timothy negó con la cabeza—. ¿Dónde está tu valentía? —lo provocó.
—No se trata de eso —replicó sin apartar la vista de la muchacha—. No puedo decirle la verdad. Me odiaría si supiera que la hemos… que yo la he estado engañando.
El joven recalcó las últimas palabras con pesar, en un tono no exento de culpa.
—Algún día tendrás que ser sincero con ella. No permitas que viva engañada. Con ello sólo consigues poner en peligro su felicidad… y la tuya.
Timothy chasqueó la lengua molesto.
Ebenezer Scrooge sacudió la cabeza refunfuñando por lo bajo. Cuando Tim le confesó meses atrás que había accedido a ayudar a su amigo Herman Black, ya le advirtió que aquél asunto no podía acabar bien. Pero él, desoyendo sus consejos, continuó con aquella farsa. El tiempo había demostrado que el que Timothy consideraba su mejor amigo, resultó ser un cobarde. Un irresponsable sin sentido del deber, que no dudó en embarcarse en el puerto de Southampton y huir rumbo a Nueva York en cuanto Jane le comunicó que iba camino de Londres dispuesta a conocerle en persona y formalizar el compromiso.
—Jane tiene un corazón enorme, creo que subestimas su capacidad para perdonar —insistió Scrooge.
—No creo en los milagros —zanjó Timothy dándole la espalda.
Scrooge contempló como el joven se alejaba hacia el otro lado del salón en busca de un grupo de invitados. Al anciano no le pasaron desapercibidas las miradas furtivas que entrecruzaban él y la bella escocesa. La expresión de Timothy reflejaba un tormento interior, con toda seguridad fruto de los remordimientos. En cambio, la mirada tímida de Jane, reflejaba azoramiento y algo que Scrooge no había olvidado: aquellos ojos eran los de una mujer apasionada.
Apoyado en su bastón, estudió a Timothy de arriba abajo recordando a aquél niño enfermizo condenado a una muerte temprana... ¿Y era él quién no creía en los milagros? ¡Qué equivocado estaba! El anciano decidió demostrarle que sólo la magia de la Navidad tiene el poder de convertir en realidad los buenos deseos y hacer posible cualquier milagro.
Al otro lado del salón, Jane escuchaba sin demasiado interés la divertida conversación que mantenía la esposa de Fred con algunas de sus invitadas. Con disimulo miró a Timothy Cratchit; él pareció percibir su escrutinio y giró la cabeza. Sus miradas se encontraron y Jane desvió la vista azorada al notar que empezaba a ruborizarse. Se sentía confusa y arrepentida; se estremecía cada vez que recordaba el cálido placer de los labios de él sobre los suyos… Nunca debió ceder a la tentación de sus besos, y se odiaba a sí misma por su propia debilidad, por haber caído en brazos del mejor amigo de su prometido. Estaba segura de que el señor Cratchit tendría un pésimo concepto de ella por su actitud libertina.
¡Maldito destino! Amaba a Herman Black, pese a haberla abandonado casi a las puertas del altar. Mientras permanecieron separados, él en Londres y ella en Escocia, logró adueñarse de su corazón con decenas de cartas llenas de ternura. La había humillado ante todo Londres y aún así lo amaba.
Pero Timothy Cratchit despertaba en ella un sentimiento desconocido, una atracción que la encendía por dentro. La mortificaban los remordimientos, porque a pesar de amar al hombre equivocado, soñaba con la magia de sus besos.
Con ayuda de su bastón, Scrooge se aproximó hasta Jane y la joven, al verlo llegar, le dedicó una amplia sonrisa. Aquél hombre que durante años cultivó fama de avaro y mezquino, se había convertido en un anciano adorable.
—Estamos en Navidad señorita Jane, es tiempo de alegría. ¿Cuál es la causa de tanta melancolía? Quizá… —sugirió mirando a Timothy.
La joven parpadeó avergonzada; Scrooge la tranquilizó con una sonrisa cómplice.
—Imagino que conoce mi situación—dijo Jane bajando la vista—, se que todo el mundo habla de ello. ¡El señor Cratchit ha sido tan amable conmigo!
—Un gesto de caballerosidad que le honra —aseguró entornando los ojos—. E imagino que se ha esforzado en consolarla.
Jane fijó la vista en sus guantes completamente ruborizada y Scrooge sospechó que las atenciones de Timothy hacia la muchacha habían sido mucho más que de un par de besos inocentes.
—Jane, créame, no debe arrepentirse de nada —aseguró para tranquilizarla—. Y no dedique ni uno de sus pensamientos a ese sujeto miserable. Él no la merecía.
—Olvidar al señor Black no será tan sencillo, señor Scrooge —murmuró con un suspiro.
—¡Si apenas se conocían! —refunfuñó.
—Se equivoca. Su comportamiento ha sido imperdonable, pero nunca podré olvidar todas y cada una de las palabras que me escribió en sus cartas.
—Es usted muy joven Jane —añadió—, y tan inocente… ¿Usted cree que de haber sentido todo el amor que le expresaba en esas cartas habría huido de usted?
La joven alzó el rostro angustiada; empezaba a sospechar que había sido víctima de un engaño.
—¿Qué quiere decir? ¿Cree que me mintió todo el tiempo?
—Tal vez —aventuró rascándose la barbilla—. Juraría que esas cartas las escribió otra mano…
Jane apretó los labios para ahogar un sollozo. Notó que se los ojos se le llenaban de lágrimas y murmurando una breve disculpa se alejó a toda prisa. Scrooge se sintió culpable al verla abandonar precipitadamente la estancia por una de las puertas de salida al balcón. Pero a pesar de ello, esbozó una sonrisa triunfal cuando vio que Timothy corría tras ella con semblante desolado. «Y ahora, a esperar que suceda el milagro», pensó mirando hacia el balcón con picardía.
Jane trataba de serenarse con ambas manos apoyadas en la balaustrada del balcón. Cuando oyó que la puerta se abría a su espalda, giró la cabeza y se secó las lágrimas a toda prisa a fin de mantener la compostura.
—Señor Cratchit…
—Señorita McRee, permítame —murmuró quitándose la chaqueta para cubrirle los hombros—. Quiero que sepa que abomino del comportamiento imperdonable de Herman Black.
—Gracias —susurró ella en voz baja—. El primo Fred ha sido tan amable brindándome su hospitalidad. Comprenda lo bochornoso que sería para mí regresar a Escocia y…
—Señorita… ¡Oh, Jane! Esto es absurdo —protestó con un suspiro de impotencia—. No podemos guardar las formas de este modo después de todo lo que hemos compartido… —susurró abrazándola por detrás.
—No… no estuvo bien —titubeó arrepentida.
—Cada vez que pienso lo que estás sufriendo por culpa de ese desalmado… sería capaz de matarlo con mis propias manos —masculló con ira contenida.
Notó que se ella se agitaba por los sollozos, y haciéndola girar entre sus brazos, la abrazó con fuerza. Jane recostó la cabeza sobre su pecho sin poder contener el llanto.
—Jane, permite que cuide de ti —murmuró apoyando la mejilla en su cabeza—. Me atormenta pensar que no sientes nada por mí, que todo tu amor pertenece a Black. Pero me conformaré con lo que estés dispuesta a darme. Por favor, cásate conmigo y me harás el hombre más feliz de la tierra.
—No puedo —sollozó—. No sería justo.
—No te pido que me ames.
—No lo entiendes —le explicó más serena.
Timothy sacó un pañuelo de su bolsillo y le secó las lágrimas con delicadeza. Ella alzó el rostro para mirarle a los ojos.
—Acabo de descubrir que he sido víctima de una broma abominable por parte de ese hombre y de alguien que se prestó a colaborar en el engaño. Ahora tengo la certeza de que no fueron suyas ni una sola de las palabras que lograron conquistar mi corazón.
—Jane, debes saber…
—No sería justo para ti que aceptara ser tu esposa, cuando estoy enamorada de un desconocido que me dedicó las cartas más maravillosas que una mujer pueda soñar.
Timothy se quedó sin aire, la abrazó con muchísima fuerza; Jane podía sentir los latidos acelerados de su corazón en su mejilla.
—Jane, ¿estás segura de amar a ese hombre?
—Con todo mi corazón —sollozó de nuevo.
—¿Tanto como para perdonar? —ella alzó el rostro y lo miró perpleja; él respiró hondo antes de continuar—. ¿Y si ese hombre no hubiese mentido? ¿Si todo lo que decían las cartas fuera cierto?
Jane le tapó la mano con la boca para impedir que continuara hablando. Durante unos segundos se olvidó hasta de respirar; no podía apartar sus ojos de los de él. Retiró la mano de su boca y acarició su mejilla.
—Si todo lo que decían las cartas era verdad —logró decir por fin—; no se trataría de un engaño. ¿Tú…? —él asintió en silencio, y ella exhaló todo el aire contenido en sus pulmones—. ¡Debería abofetearte!
Pero en lugar de cumplir con su amenaza, se abrazó muy fuerte a él, escondió el rostro en su pecho y comenzó a reír con suavidad.
—Jane, Herman nunca ha sido un hombre paciente —le explicó—. Me rogó que le ayudara a redactar las cartas que te enviaba con la excusa de que no sabía cómo cortejar a una mujer. Supongo que al principio le pareció divertida la idea de la seducción, pero nunca estuvo dispuesto a asumir un compromiso.
—Maldito embustero —masculló furiosa, pero extrañamente feliz— y maldito tú también.
—Lo que empezó como un juego, pronto se convirtió en algo demasiado serio para mí. Ansiaba recibir tus cartas y lo único que me mantenía cuerdo era poder compartir contigo todo lo que tengo aquí dentro —dijo llevándose la mano de ella a su pecho—. Cuando llegaste de Escocia sólo podía pensar en tenerte aunque fuera una vez, en besarte hasta robarte el aliento, en acariciarte una y mil veces.
—¿Y no se te ocurrió pensar cuánto sufría yo? ¡Me atormentaban los remordimientos!
—¿Por qué? —preguntó sinceramente sorprendido.
—Acababa de romper mi compromiso —alegó incómoda—. Y desde la primera vez que te vi, la pasión se impuso a mi voluntad y me dejé dominar por el deseo —confesó en voz baja—, con un descaro que escandalizaría...
Él le tomó la barbilla y la miró a los ojos.
—¿Deseo? —preguntó en tono íntimo.
Ella asintió con la cabeza. Timothy la atrajo por la nuca y se apoderó de su boca abriéndole los labios con codicia, buscando la caricia de seda de su lengua, loco por saciarse de ella, de su sabor. Cuando por fin se separaron, se miraron a los ojos con la respiración agitada y él apoyó su frente en la de ella.
—¿Seguro que todo en esas cartas era cierto? —preguntó Jane.
—Cada palabra.
—Dicen que los ingleses prefieren a las mujeres de cabellos oscuros —dijo dudosa—. ¿Es cierto que adoras…?
—¿Tus «rizos de fuego»? —recordó con media sonrisa lo que había escrito en una de las cartas.
—¿Y las pecas sobre mi nariz?
—«Polvo de estrellas» —recordó también en voz baja—. Y ahora, dime que te casarás conmigo.
—Sí —susurró.
Ella le rodeó el cuello con los brazos para devorarse con un beso largo y sensual.
—Puedo oír tu corazón —dijo Jane acariciando su pecho.
—«En mi interior un volcán» —recordó Tim de nuevo las cartas besándola en el cuello.
—«Y yo lava pegada a ti» —continuó ella, cada vez más osada.
—¿A quién amas, Jane? —le mordisqueó la mandíbula.
—A ti.
La boca de él inició un sensual recorrido a lo largo de su cuello.
—Porque yo te amo con desesperación —confesó sin dejar de besarla y notó que ella se estremecía entre sus brazos—. «Siempre mía, Jane» —murmuró buscando su boca—, «yo dentro de ti y tú…»
—«…para siempre en tus brazos prisionera» —susurró en sus labios antes fundirse en el más apasionado de los besos.


Portada del para mí mejor ilustrador de todos los tiempos, Norman Rockwell, para el Saturday Evening Post del 15 de diciembre de 1934. Bob Cratchit con su hijo Tiny Tim en brazos y la famosa frase del pequeño "Que Dios nos bendiga a todos".

martes, 17 de noviembre de 2020

Kindle Flash 1 ebook=2 novelas por 1,14€



Besame y vente conmigo y de regalo Doce campanadas y un beso en oferta Kindle Flash.

Lee y disfruta, ríe, viaja con la imaginación de Teruel a Las Vegas, de Sitges a Cercedilla, de Madrid a donde las páginas te llevem y ¡que viva el amor!


lunes, 20 de julio de 2020

Tiempos de mujeres valientes. 12 series y 2 libros que no te puedes perder.




Siempre me han fascinado las mujeres fuertes, en especial las que hicieron oír su voz en aquellos años en los que la sociedad las prefería calladas. Y esas son las protagonistas que escojo para mis novelas, sobre todo en las de ambientación histórica. Sufragistas, luchadoras, voluntariosas y valientes que hicieron notar su presencia y opinión en un mundo laboral y social de predominancia masculina.


Cuando documentaba mi novela DELICIAS Y SECRETOS EN MANHATTAN, que transcurre en la Nueva York de entreguerras, una fotografía antigua me llamó la atención. Aquella imagen en blanco y negro muestra a la plantilla del elegante restaurante Delmonico’s, el más antiguo de los Estados Unidos y que sigue en pie en pleno siglo XXI. Todo el personal mira a la cámara en tan afamada cocina… Todos hombres. A las mujeres no se les permitía ni siguiera el puesto de friegaplatos; estaban relegadas a los fogones domésticos. La fama y el prestigio era ellos. Y cuando el gran chef regresaba al hogar cargado de halagos, se limitaba a ser servido por su esposa sin mover un dedo. 
Si os gustan las historias de mujeres contracorriente, os encantará leer en las páginas de la novela las aventuras de Laura McKerrigan-Montero en la Gran Manzana. Una chica bien, con sangre bostoniana, escocesa y romaní, que sueña con convertirse en repostera, negándose a aceptar la vida que su familia ha planeado para ella.
Y si os atraen las historias con mujeres valerosas tanto como a mí, os recomiendo una docena de series de televisión que retratan la lucha social, su coraje ante las injusticias y su importante labor, a menudo omitida por los libros de historia, en la sociedad de su época.


1:- THE VILLAGE. La dura vida en el campo inglés de principios del siglo XX. Ricos y pobres estaban sometidos al cabeza de familia y el único lugar de esparcimiento y libertad de sus mujeres son los baños públicos.


2.- THE MILLE. Miniserie británica que narra la lucha de las huérfanas trabajadoras en un molino textil, en condiciones de esclavitud en la Inglaterra de la revolución industrial.


3.- CHARITÉ. Producción alemana ambientada en el hospital más prestigioso de Berlín, donde una auxiliar sueña con ser médico en un año 1888 en que, en palabras del catedrático, “se debe proteger el delicado cerebro femenino de un exceso de conocimientos”.


4.- DOWNTON ABBEY. Retrata la vida de dueños y servicio en una mansión británica, desde el hundimiento del Titánic hasta los años 30. Arranca con el conde Grantam, que solo tiene hijas y, por ley, debe aceptad como heredero de la propiedad a un abogado pobre, pariente lejano, por el hecho de ser hombre. 


5.- GODLESS. Miniserie que muestra la lucha por la supervivencia en el salvaje Oeste en La Belle, un pueblo de Nuevo México habitado por mujeres, tras el derrumbe de una mina donde murieron los hombres.


6.- LAS CHICAS DEL CABLE. Producción española protagonizada por las primeras telefonista, narra la incursión de la mujer en el mundo laboral mediante la vida de estas chicas que debían permanecer solteras si no querían perder su puesto de trabajo.


7.- TIEMPOS DE GUERRA. Los amores, anhelos y aventuras de varias jóvenes de la alta sociedad madrileña, que se ofrecen como enfermeras voluntarias en un hospital de campaña en Melilla durante la guerra del Rif.


8.- LA OTRA MIRADA. Estupenda producción de TVE que refleja el día a día en una escuela de señoritas de la Sevilla de principios del siglo XX, donde reciben una formación para convertirse en mujeres modernas, con opinión propia y capaces de decidir el rumbo de su vida.


9.- LAND GIRLS. Durante varias temporadas conocemos la vida de cuatro mujeres que sacan a delante una granja inglesa durante la II Guerra Mundial, mientras los hombres están en el frente.


10.- JAMESTOWN. Varias mujeres dejan Inglaterra por distintos motivos, y parten hacia el Nuevo Mundo. Al llegar a Virginia, se verán obligadas a casarse con los hombres que pagaron su pasaje a la colonia.


11.- BERKELEY SQUARE. Las vivencias de varias niñeras inglesas, un escalón más alto en el servicio doméstico, que trabajan para distintas familias en una misma calle de Londres.


12.- LLAMA A LA COMADRONA. Basada en un libro de Jennifer Worth, muestra el importante papel en la Inglaterra de los 40 y 50 de estas mujeres que ejercían como comadronas, un oficio en esos años exclusivamente femenino, y también como consejeras, amigas, enfermeras y paño de lágrimas.

Y como no todo va a ser TV, por último me gustaría que conocierais a una de mis mujeres valientes preferidas:  Helen McKerrigan-Montero, hermana de mi protagonista anterior. 

Cuando terminé el primer libro, sin saber que terminaría siendo una bilogía, me quedó la espina clavada de escribir su propia historia. En ese momento nación UNA CHICA CON ESTILO, una novela que estuve pensando durante seis años, y que muestra los giros que da la vida y el crecimiento interior de una joven viuda acostumbrada a mostrarse dura para ejercer un puesto de mando en una empresa rodeada de hombres. Estoy seguro de que su lectura os dejará una sonrisa y un ganas de volverla a empezar.

El verano es tiempo de relajarse con un libro entre las manos, recuerda que tienes mis novelas de chichas valientes de oferta en la edición impresa: DELICIAS Y SECRETOS EN MANHATTAN Y UNA CHICA CON ESTILO por 6,78€, además de AMORE SE ESCRIBE CON LICOR DE LIMÓN por 5,69. 
Consiguelas en Amazon, Bookdepository, El Corte Inglés, Fnac, Casa del Libro o en tu librería habitual.


miércoles, 17 de junio de 2020

Ya en audiolibro TÚ DE MENTA Y YO DE FRESA


¡NOTICIA!
Mi novela TÚ DE MENTA Y YO DE FRESA está disponible también en AUDIOLIBRO.
Y recordad que el ebook está en todas las plataformas digitales por menos de 1€.
¿Aún no sabes qué secreto esconde el título? :)

TÚ DE MENTA Y YO DE FRESA

Una pequeña joya del género que nos presenta una historia de amor entre un hombre y una mujer independientes que deben hacer encajar sus distintos estilos de vida

Sinopsis:

Enamorarse no entra en los planes de Jaime Ferrán. Soltero, independiente y con un hijo de siete años que es todo su mundo, no imagina que Belisa, esa compañera de trabajo callada y discreta con la que coincide cada mañana en la piscina de un gimnasio, está a punto de irrumpir en su vida para romperle los esquemas.
A veces el amor ataca por sorpresa y, en esta ocasión, por culpa de un encontronazo bajo el agua, Jaime descubrirá que Belisa esconde un fiero carácter. Él la desafía con su sonrisa seductora y su actitud irónica, sin darse cuenta de que corre el peligro de rendirse a la pasión y el deseo que esconde en sus ojos azules.


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