lunes, 3 de octubre de 2011

Curiosidades en mis novelas: los medios de transporte, del s. XIX al XX


"Cada yarda de raíles del temido «gran caballo de hierro» constreñía el territorio de las tribus. Y no sólo los nativos tuvieron que doblegarse a su avance, también fue el fin de las largas travesías de ganado y de las reses pastando en libertad." DAMA DE TRÉBOLES, cap. 8


Rosario Raro, amiga y escritora, usa un símil que me gusta mucho para describir la época en que transcurre DAMA DE TRÉBOLES, mi primera novela. Según ella, el ferrocarril fue la gran cremallera que cerró una época. Tan importante fue la unión de las dos grandes líneas de tren que, atravesando los Estados Unidos, conectaron por fin el Atlántico con el Pacífico. Ello supuso el fin de las de las grandes travesías de ganado, el salvaje oeste y la conquista de tierra inexplorada.

Grabado de 1871. Estampida de búfalos en la línea de la Kansas Pacific Railroad

En las páginas de DAMA DE TRÉBOLES el tren cobra especial importancia. Gracias a la inauguración de la Estación de Kiowa Crossing, la vida de Linette da un vuelco. El tren es también decisivo para el final inesperado de la insoportable Harriet.

Omnibus de pasajeros, Denver 1885

En el Colorado de 1884 no sólo se desplazaban a lomos de un caballo. Tirados por caballerías, vemos omnibus de pasajeros que surcan las calles de una emergente y moderna ciudad de Denver. Ethan exige como parte del pago de la deuda a McNabb el surrey de la difunta viuda Dempsey, un coche urbano que lleva el nombre de la ciudad inglesa donde se empezó a fabricar.

Surrey, como el de la agria viuda Dempsey

Linette recibe como regalo un ranch waggon, el típico carro que se usaba en las labores de un rancho y para desplazarse. Estaban pensados para familias grandes, lo usual en un rancho; por eso el que aparece en la novela, además del pescante delantero, cuenta con bancos abatibles en la trasera.

Ranch wagon de finales del s. XIX

Grandes familias, vehículos grandes y sólidos; un sólo pasajero, vehículo pequeño. A finales del XIX no eran tan diferentes de nosotros. Elisabeth, la prima de Linnette, conduce por Denver un buggie doctor; un cochecito dos plazas a lo sumo que vendría a ser el utilitario urbano de hoy en día.

Pequeño buggie de los que llamaban "de doctor"

Dejemos el XIX con el nacimiento del automóvil. Que por cierto, lo inventó Karl F. Benz en 1886 en Mannheim, la ciudad de Alemania donde yo nací. Un cambio radical que supuso el inicio de la vida cotidiana tal como la conocemos hoy.
A principios del s. XX, época en que transcurre mi segunda novela, DELICIAS Y SECRETOS EN MANHATTAN, pocos eran los que poseían un auto de motor. Kenneth y Phillip son de esos privilegiados que sabían conducir un vehículo y ello determina el que fuesen asignados como conductor de ambulancia y camión, respectivamente, en la Gran Guerra.
Eso cambió en los años posteriores con la fabricación en cadena por parte de Henry Ford desde su factoría de Detroit del modelo Ford T, como el que posee Greg, el discreto y pragmático primo de Laura. Primer coche que tuvo el volante a la izquierda, era asequible y que se popularizó enseguida.

Ford modelo T del año 1919

Kenneth, en cambio, se permite un capricho que alivia en parte el cúmulo de preocupaciones que le complican la existencia y conduce un Lincoln último modelo, el coche ideal para un soltero sin compromiso ni ganas de dejarse amarrar.

Lincoln de 1919, como el de Kenneth Callahan

El Taormina es un hotel que combina solera y visión moderna. Por ello cuentan con un lujosísimo modelo de Cadillac Thirty a disposición de la clientela más caprichosa.

Cadillac Thirty de 1909

Nueva York ya contaba en 1919 con una sólida red de metro.
Cartel original metro Nueva York 1920

Pero los personajes de la novela también utilizan los barcos transbordadores que unen Manhattan con otros puntos de la ciudad, como la Estatua de la Libertad.

Ferry municipal Nueva York 1920

Y, cómo no, el tren. La Gran Central Terminal Estacion de la calle 42 -cuya bóveda es obra del arquitecto valenciano Rafael Guastavino- será lugar de reencuentro y donde Laura al fin... Lo siento, no puedo desvelar más.

Interior Gran Central Terminal de Nueva York, 1929

Los grandes hechos se cuentan en los libros de historia. Pero son los detalles cotidianos como el tren, los primeros Ford o un humilde carro, los que nos permiten conocer mejor el modo de vida de épocas pasadas, a través de unos personajes de ficción que se mueven en un entorno real. En mi caso, personajes de novela romántica, ¿por qué no?





4 comentarios :

Lucía de Vicente dijo...

¡Qué entrada más interesante, Olivia! Me ha encantado. Todo un recorrido por la historia de la automoción. ¡Enhorabuena!

Bela Marbel dijo...

Me encanta, la información extra que nos aportas hace que situemos tus novelas en el cotexto de tiempo adecuado y los detalles nos ayudan a entender mejor a los personajes, gracias.

Lydia Leyte dijo...

Muy interesante. Y qué metáfora tan preciosa y exacta la de "cremallera" referida al ferrocarril. Abrió caminos, y en efecto, cerró toda una época

Olivia Ardey dijo...

Gracias chicas, pero es que nosotras escribimos ficción anclada en la realidad. Es importante que los lectores sepan que los detalles que ven en nuestras novelas forman parte de la historia. Besos.

Entradas relacionadas

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...