viernes, 30 de diciembre de 2016

Me escribe desde Chile una lectora ciega.


Vosotras y vuestras opiniones, lectoras y lectores, sois mi mejor premio. 
Me escribe María José desde Chile y me ha emocionado porque tiene mucho en común con el personaje de Phillip Taviani, a quien dediqué la entrada El encanto de ser diferente
Por eso, con su permiso, quiero compartir su mensaje con vosotras.

Qué tal Olivia, un gusto saludarte. Soy María José, profesora y persona ciega, te escribo desde Chile, desde el primer minuto me llamo la atención lo informada que estabas respecto a nuestra situación, lamentablemente en nuestro país, aún no es así.
Y hasta que no vi tu nota, me dejaba intranquila lo del bastón blanco, jaja... Es una historia con una gran cantidad de detalles, muy bien descrita me encanta y no solo por hablar abiertamente de ello, sobretodo ambientada en ese siglo, si no también por la trama de la historia, que engancha desde el principio.
Encantada con cada uno de los personajes. Abrazos afectuosos, y ya estoy lista para gracias a la tecnología poder leer los próximos libros que vengan. Mucho éxito,
María José
PD.
Me Refiero al libro Delicias y secretos en Manhattan. Cariños.

Os lo aseguro, no existe premio mejor que vuestras palabras. ¡Gracias y feliz 2017!

martes, 27 de diciembre de 2016

Super sorteo 25 lotes/25 ganadores EN EL MUNDO DE LA FANTASÍA


Qué gran sorteo organiza el blog "En el mundo de la fantasía". 25 lotes/25 ganadores.
Y entre todos ellos, puedes conseguir un ejemplar digital de UN DUQUE SIN HONOR.

Para concursar, pincha aquí. ¡Suerte!

UN DUQUE SIN HONOR en el periódico El Comercio de Ecuador


Tremenda sorpresa me ha dado esta mañana Carmen Elena desde Quito. Me ha enviado las fotos de mi novela UN DUQUE SIN HONOR destacada y recomendada en El Comercio, el periódico de mayor tirada nacional de Ecuador.
Y es que esta obra corta ambientada en la regencia inglesa está enamorando a las lectoras de uno y otro lado del Atlántico.
Mi agradecimiento a los redactores de la publicación por destacar un libro romántico en su sección de cultura. Las lectoras y lectores somos legión y nos alegramos de que nuestro género preferido se codee con el resto de obras de la narrativa.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Hoy 26 de diciembre, mis libros y chat en directo en la radio de California (USA)


Hoy 26 de diciembre, en LA HORA ROMÁNTICA de Divinas Lectoras en la cadena Radio Voces Unidas de California, USA, chat en directo. Ceci y Gabi charlaran sobre un libro mío, ¿adivinas cuál? 
Y de premio, un ejemplar en ebook se sorteará entre las participantes del chat.
Recuerda:
13.00 h Los Ángeles
15.00 h México
16.00 h Colombia y Venezuela
18.00 h Argentina, Uruguay y Brasil
22.00 h España


ESCÚCHALO Y PARTICIPA EN ESTE ENLACE

sábado, 24 de diciembre de 2016

¿Nunca te has preguntado que fue de Mr. Scrooge y Tiny Tim?


Hace años imaginé un final para esa pequeña joya que nos dejó Charles Dickens titulada CANCIÓN DE NAVIDAD. Y, como ya es tradición, con este relato os deseo unas felices fiestas de Navidad y un año 2017 lleno de sueños cumplidos.



"ALGUNAS NAVIDADES DESPUÉS...", por Olivia Ardey©

Scrooge estaba vivo, para empezar.
Y más feliz que nunca aquella tarde de Navidad. Sentado frente a la chimenea, sacudió el recipiente en el que calentaba granos de maíz y sonrió satisfecho. Gracias a aquella terrorífica noche tan lejana, supo combatir el futuro funesto que vaticinaban las visiones mostradas ante sus ojos por el tercer fantasma. ¡Bendita Navidad aquella!, porque a partir de entonces había gozado de la vida como de un regalo del destino, dichoso e inesperado.
—¿Cuándo estarán las palomitas, tío Eb? ¡Tardan mucho! —protestó el pequeño de ojos claros que tenía sentado en el regazo.
El maíz empezó a crepitar en el interior del recipiente de rejilla metálica.
—Un momento, pequeños —advirtió—. No seáis impacientes…
Los niños que se arremolinaban a su alrededor comenzaron a dar palmas, ansioso por saborear las deliciosas palomitas recién sacadas del fuego.
Hacía años que el viejo Ebenezer se había mudado de su enorme y vacía mansión para vivir en casa de su sobrino Fred, convirtiéndose así en un verdadero abuelo para sus cuatro sobrinos nietos. En ese momento se encontraba rodeado por un total de diez pequeños de todos los tamaños y edades. La casa de Fred se llenaba de amigos y parientes cada Navidad y Scrooge era feliz ejerciendo de niñero improvisado.
—¡Con cuidado! Si os arrimáis demasiado, podríais quemaros —rogó.
Una niña le acercó un bol enorme. Scrooge destapó el recipiente de hierro, pero mientras lo inclinaba estallaron un par de granos. Las palomita saltaron por los aires y los niños chillaron ante aquella inesperada tormenta de nieve, mientras el anciano reía con ganas.
—A veces pienso que eres más niño que ellos —dijo una voz a su espalda.
Scrooge miró por encima del hombro; Timothy Cratchit, lo estudiaba muy serio con las manos a la espalda. El anciano se encogió de hombros, y con una agilidad impropia de su edad, agarró el bastón y se puso en pie mientras los niños andaban a la caza de las palomitas esparcidas por la alfombra.
—La vida es muy corta, Tim; tienes que aprender a disfrutar de ella.
Estudió el gesto sombrío de aquél joven, al que quería como a un hijo. El pequeño Tiny Tim, aquél niño enfermizo, se había convertido en un hombre. Un joven alto y apuesto con mucho éxito entre las mujeres. Pero él no solía prestar atención a las miradas seductoras y suspiros femeninos que despertaba a su paso. Parecía que todo su interés se centraba en su trabajo, un puesto importante en la Banca de Londres.
Aunque el viejo Scrooge intuía que el corazón del joven latía en secreto por una mujer; por la pelirroja escocesa de ojos claros y soñadores que en ese momento Timothy contemplaba con una expresión atormentada.
—¿Has hablado con Jane? —preguntó el anciano; Timothy negó con la cabeza—. ¿Dónde está tu valentía? —lo provocó.
—No se trata de eso —replicó sin apartar la vista de la muchacha—. No puedo decirle la verdad. Me odiaría si supiera que la hemos… que yo la he estado engañando.
El joven recalcó las últimas palabras con pesar, en un tono no exento de culpa.
—Algún día tendrás que ser sincero con ella. No permitas que viva engañada. Con ello sólo consigues poner en peligro su felicidad… y la tuya.
Timothy chasqueó la lengua molesto.
Ebenezer Scrooge sacudió la cabeza refunfuñando por lo bajo. Cuando Tim le confesó meses atrás que había accedido a ayudar a su amigo Herman Black, ya le advirtió que aquél asunto no podía acabar bien. Pero él, desoyendo sus consejos, continuó con aquella farsa. El tiempo había demostrado que el que Timothy consideraba su mejor amigo, resultó ser un cobarde. Un irresponsable sin sentido del deber, que no dudó en embarcarse en el puerto de Southampton y huir rumbo a Nueva York en cuanto Jane le comunicó que iba camino de Londres dispuesta a conocerle en persona y formalizar el compromiso.
—Jane tiene un corazón enorme, creo que subestimas su capacidad para perdonar —insistió Scrooge.
—No creo en los milagros —zanjó Timothy dándole la espalda.
Scrooge contempló como el joven se alejaba hacia el otro lado del salón en busca de un grupo de invitados. Al anciano no le pasaron desapercibidas las miradas furtivas que entrecruzaban él y la bella escocesa. La expresión de Timothy reflejaba un tormento interior, con toda seguridad fruto de los remordimientos. En cambio, la mirada tímida de Jane, reflejaba azoramiento y algo que Scrooge no había olvidado: aquellos ojos eran los de una mujer apasionada.
Apoyado en su bastón, estudió a Timothy de arriba abajo recordando a aquél niño enfermizo condenado a una muerte temprana... ¿Y era él quién no creía en los milagros? ¡Qué equivocado estaba! El anciano decidió demostrarle que sólo la magia de la Navidad tiene el poder de convertir en realidad los buenos deseos y hacer posible cualquier milagro.
Al otro lado del salón, Jane escuchaba sin demasiado interés la divertida conversación que mantenía la esposa de Fred con algunas de sus invitadas. Con disimulo miró a Timothy Cratchit; él pareció percibir su escrutinio y giró la cabeza. Sus miradas se encontraron y Jane desvió la vista azorada al notar que empezaba a ruborizarse. Se sentía confusa y arrepentida; se estremecía cada vez que recordaba el cálido placer de los labios de él sobre los suyos… Nunca debió ceder a la tentación de sus besos, y se odiaba a sí misma por su propia debilidad, por haber caído en brazos del mejor amigo de su prometido. Estaba segura de que el señor Cratchit tendría un pésimo concepto de ella por su actitud libertina.
¡Maldito destino! Amaba a Herman Black, pese a haberla abandonado casi a las puertas del altar. Mientras permanecieron separados, él en Londres y ella en Escocia, logró adueñarse de su corazón con decenas de cartas llenas de ternura. La había humillado ante todo Londres y aún así lo amaba.
Pero Timothy Cratchit despertaba en ella un sentimiento desconocido, una atracción que la encendía por dentro. La mortificaban los remordimientos, porque a pesar de amar al hombre equivocado, soñaba con la magia de sus besos.
Con ayuda de su bastón, Scrooge se aproximó hasta Jane y la joven, al verlo llegar, le dedicó una amplia sonrisa. Aquél hombre que durante años cultivó fama de avaro y mezquino, se había convertido en un anciano adorable.
—Estamos en Navidad señorita Jane, es tiempo de alegría. ¿Cuál es la causa de tanta melancolía? Quizá… —sugirió mirando a Timothy.
La joven parpadeó avergonzada; Scrooge la tranquilizó con una sonrisa cómplice.
—Imagino que conoce mi situación—dijo Jane bajando la vista—, se que todo el mundo habla de ello. ¡El señor Cratchit ha sido tan amable conmigo!
—Un gesto de caballerosidad que le honra —aseguró entornando los ojos—. E imagino que se ha esforzado en consolarla.
Jane fijó la vista en sus guantes completamente ruborizada y Scrooge sospechó que las atenciones de Timothy hacia la muchacha habían sido mucho más que de un par de besos inocentes.
—Jane, créame, no debe arrepentirse de nada —aseguró para tranquilizarla—. Y no dedique ni uno de sus pensamientos a ese sujeto miserable. Él no la merecía.
—Olvidar al señor Black no será tan sencillo, señor Scrooge —murmuró con un suspiro.
—¡Si apenas se conocían! —refunfuñó.
—Se equivoca. Su comportamiento ha sido imperdonable, pero nunca podré olvidar todas y cada una de las palabras que me escribió en sus cartas.
—Es usted muy joven Jane —añadió—, y tan inocente… ¿Usted cree que de haber sentido todo el amor que le expresaba en esas cartas habría huido de usted?
La joven alzó el rostro angustiada; empezaba a sospechar que había sido víctima de un engaño.
—¿Qué quiere decir? ¿Cree que me mintió todo el tiempo?
—Tal vez —aventuró rascándose la barbilla—. Juraría que esas cartas las escribió otra mano…
Jane apretó los labios para ahogar un sollozo. Notó que se los ojos se le llenaban de lágrimas y murmurando una breve disculpa se alejó a toda prisa. Scrooge se sintió culpable al verla abandonar precipitadamente la estancia por una de las puertas de salida al balcón. Pero a pesar de ello, esbozó una sonrisa triunfal cuando vio que Timothy corría tras ella con semblante desolado. «Y ahora, a esperar que suceda el milagro», pensó mirando hacia el balcón con picardía.
Jane trataba de serenarse con ambas manos apoyadas en la balaustrada del balcón. Cuando oyó que la puerta se abría a su espalda, giró la cabeza y se secó las lágrimas a toda prisa a fin de mantener la compostura.
—Señor Cratchit…
—Señorita McRee, permítame —murmuró quitándose la chaqueta para cubrirle los hombros—. Quiero que sepa que abomino del comportamiento imperdonable de Herman Black.
—Gracias —susurró ella en voz baja—. El primo Fred ha sido tan amable brindándome su hospitalidad. Comprenda lo bochornoso que sería para mí regresar a Escocia y…
—Señorita… ¡Oh, Jane! Esto es absurdo —protestó con un suspiro de impotencia—. No podemos guardar las formas de este modo después de todo lo que hemos compartido… —susurró abrazándola por detrás.
—No… no estuvo bien —titubeó arrepentida.
—Cada vez que pienso lo que estás sufriendo por culpa de ese desalmado… sería capaz de matarlo con mis propias manos —masculló con ira contenida.
Notó que se ella se agitaba por los sollozos, y haciéndola girar entre sus brazos, la abrazó con fuerza. Jane recostó la cabeza sobre su pecho sin poder contener el llanto.
—Jane, permite que cuide de ti —murmuró apoyando la mejilla en su cabeza—. Me atormenta pensar que no sientes nada por mí, que todo tu amor pertenece a Black. Pero me conformaré con lo que estés dispuesta a darme. Por favor, cásate conmigo y me harás el hombre más feliz de la tierra.
—No puedo —sollozó—. No sería justo.
—No te pido que me ames.
—No lo entiendes —le explicó más serena.
Timothy sacó un pañuelo de su bolsillo y le secó las lágrimas con delicadeza. Ella alzó el rostro para mirarle a los ojos.
—Acabo de descubrir que he sido víctima de una broma abominable por parte de ese hombre y de alguien que se prestó a colaborar en el engaño. Ahora tengo la certeza de que no fueron suyas ni una sola de las palabras que lograron conquistar mi corazón.
—Jane, debes saber…
—No sería justo para ti que aceptara ser tu esposa, cuando estoy enamorada de un desconocido que me dedicó las cartas más maravillosas que una mujer pueda soñar.
Timothy se quedó sin aire, la abrazó con muchísima fuerza; Jane podía sentir los latidos acelerados de su corazón en su mejilla.
—Jane, ¿estás segura de amar a ese hombre?
—Con todo mi corazón —sollozó de nuevo.
—¿Tanto como para perdonar? —ella alzó el rostro y lo miró perpleja; él respiró hondo antes de continuar—. ¿Y si ese hombre no hubiese mentido? ¿Si todo lo que decían las cartas fuera cierto?
Jane le tapó la mano con la boca para impedir que continuara hablando. Durante unos segundos se olvidó hasta de respirar; no podía apartar sus ojos de los de él. Retiró la mano de su boca y acarició su mejilla.
—Si todo lo que decían las cartas era verdad —logró decir por fin—; no se trataría de un engaño. ¿Tú…? —él asintió en silencio, y ella exhaló todo el aire contenido en sus pulmones—. ¡Debería abofetearte!
Pero en lugar de cumplir con su amenaza, se abrazó muy fuerte a él, escondió el rostro en su pecho y comenzó a reír con suavidad.
—Jane, Herman nunca ha sido un hombre paciente —le explicó—. Me rogó que le ayudara a redactar las cartas que te enviaba con la excusa de que no sabía cómo cortejar a una mujer. Supongo que al principio le pareció divertida la idea de la seducción, pero nunca estuvo dispuesto a asumir un compromiso.
—Maldito embustero —masculló furiosa, pero extrañamente feliz— y maldito tú también.
—Lo que empezó como un juego, pronto se convirtió en algo demasiado serio para mí. Ansiaba recibir tus cartas y lo único que me mantenía cuerdo era poder compartir contigo todo lo que tengo aquí dentro —dijo llevándose la mano de ella a su pecho—. Cuando llegaste de Escocia sólo podía pensar en tenerte aunque fuera una vez, en besarte hasta robarte el aliento, en acariciarte una y mil veces.
—¿Y no se te ocurrió pensar cuánto sufría yo? ¡Me atormentaban los remordimientos!
—¿Por qué? —preguntó sinceramente sorprendido.
—Acababa de romper mi compromiso —alegó incómoda—. Y desde la primera vez que te vi, la pasión se impuso a mi voluntad y me dejé dominar por el deseo —confesó en voz baja—, con un descaro que escandalizaría...
Él le tomó la barbilla y la miró a los ojos.
—¿Deseo? —preguntó en tono íntimo.
Ella asintió con la cabeza. Timothy la atrajo por la nuca y se apoderó de su boca abriéndole los labios con codicia, buscando la caricia de seda de su lengua, loco por saciarse de ella, de su sabor. Cuando por fin se separaron, se miraron a los ojos con la respiración agitada y él apoyó su frente en la de ella.
—¿Seguro que todo en esas cartas era cierto? —preguntó Jane.
—Cada palabra.
—Dicen que los ingleses prefieren a las mujeres de cabellos oscuros —dijo dudosa—. ¿Es cierto que adoras…?
—¿Tus «rizos de fuego»? —recordó con media sonrisa lo que había escrito en una de las cartas.
—¿Y las pecas sobre mi nariz?
—«Polvo de estrellas» —recordó también en voz baja—. Y ahora, dime que te casarás conmigo.
—Sí —susurró.
Ella le rodeó el cuello con los brazos para devorarse con un beso largo y sensual.
—Puedo oír tu corazón —dijo Jane acariciando su pecho.
—«En mi interior un volcán» —recordó Tim de nuevo las cartas besándola en el cuello.
—«Y yo lava pegada a ti» —continuó ella, cada vez más osada.
—¿A quién amas, Jane? —le mordisqueó la mandíbula.
—A ti.
La boca de él inició un sensual recorrido a lo largo de su cuello.
—Porque yo te amo con desesperación —confesó sin dejar de besarla y notó que ella se estremecía entre sus brazos—. «Siempre mía, Jane» —murmuró buscando su boca—, «yo dentro de ti y tú…»
—«…para siempre en tus brazos prisionera» —susurró en sus labios antes fundirse en el más apasionado de los besos.

Portada del para mí mejor ilustrador de todos los tiempos, Norman Rockwell, para el Saturday Evening Post del 15 de diciembre de 1934. Bob Cratchit con su hijo Tiny Tim en brazos y la famosa frase del pequeño "Que Dios nos bendiga a todos".

viernes, 23 de diciembre de 2016

Del libro al paladar: Plum cake y no-reseña de LA ESTANCIA de Pedro Brotini


Hoy voy a recomendaros un libro que me ha llegado al corazón. Retomo así mi antigua costumbre de no-reseñar libros y compartir con vosotros la receta de las que degustan los personajes de la novela.

LA ESTANCIA, novela de Pedro Brotini, publicada por la editorial murciana La Fea Burguesía, es una de esas historias que ya sabía que me iba a emocionar incluso antes de abrirla. A su autor lo conocí por casualidad, al caer en mis manos EL TIEMPO DE LAS PALABRAS AZÚLES, su primera novela y ganadora del Premio Volkswagen-Qué leer. Después de leer esta entrañable historia, se convirtió en uno de mis escritores preferidos. Por eso me alegré tanto al saber que publicaba una nueva obra. Por cierto, os recomiendo su blog EL PRIMER MARCAPÁGINAS en la revista Hola.com, donde habla sobre libros y cine.

LA ESTANCIA es un libro al que su portada (colores desvaídos, tipografía descuidada), lamentablemente,  no hace justicia al contenido. Y es esa historia que contiene la que me ha llegado tanto que en ocasiones derramaba una lágrima y al momento me brotaba la sonrisa.

Esta aventura en busca de un libro perdido encantará a todo aquél que ame la lectura, en especial a los bibliófilos. En esa intriga, como hilo conductor, se apoya el autor para narrar la búsqueda del lugar de cada uno en la vida, de la importancia de querernos y que nos quieran, de amar, de las segundas oportunidades, de aprender a no dar ninguna batalla por perdida y de lo bonito que es tener sueños hasta el úntimo instante de nuestra vida.

Recuerdo una charla que mantenía el mes pasado, en Mallorca y frente a dos tazas de café, con mi amiga y lectora Carmen Martínez. Me decía "yo quiero que los libros siempre me enseñen algo". ¡Cuánto he aprendido yo leyendo LA ESTANCIA! Sobre ese "año sin verano", fruto de la erupción de un lejano volcán, que difuminó el color del cielo con ceniza y tan bien supo inmortalizar el pintor Turner en sus cuadros. Y también alteró el clima de modo que lord Byron y sus círculo de amigos practicantes del amor libre (sorprendida me quedé al investigar sobre sus andanzas) se vieron confinados en aquella villa a orillas del lago Constanza. Jugaron a contar y crear historias de fantasmas, allí nacieron EL VAMPIRO de Polidori y el FRANKENSTEIN de Mary Shelley. Quién sabe si alguna más que nunca llegó a nuestras manos... O sí. No diré más, tendréis que deshilar la madeja  leyendo a Pedro Brotini.

Y llegados a este punto os preguntaréis, ¿y dónde está la receta? Hace años colaboraba en La Pluma Afilada con mi sección DEL LIBRO AL PALADAR, compilación de libros que me han gustado y las recetas culinarias que he extraído de sus páginas. Cuando esta web desapareció, fue Melibro.com la que me brindó su espacio para mi colaboración esporádica. También desaparecida, a partir de ahora será desde este blog donde comparta mis no-reseñas literarias con sorpresa gastronómica.

Casi al final de LA ESTANCIA, las dos protagonistas son invitadas a un té con plum cake.

ENGLISH PLUM CAKE

Este tradicional y conocido pastel, según las recetas del siglo XVII se refería a un bizcocho de pasas de Corinto y no de ciruelas (plum), según The British Baker Magazine.
Ingredientes:

  • 250gr Mantequilla
  • 230gr Azúcar
  • 460gr Harina
  • 14gr Impulsor (Royal)
  • 1/2 Cucharadita de Bicarbonato Sódico
  • 4 Huevos
  • 1 Copa generosa de Cognac
  • 100gr de Ciruelas Pasas previamente maceradas en el Cognac
  • 50gr Naranja Confitada
  • Guindas confitadas
Mezclar todos los ingredientes batiendo muy bien. Poner la masa en un molde engrasado y dejarlo 12 horas en el frigorífico. Precalentar el horno a 200ºC, meter el bizcocho y bajar la temperatura a 180ºC. Cocer durante 60 minutos o hasta que el plum-cake adquiera un color dorado.


jueves, 22 de diciembre de 2016

A Javier Sanz, con mi agradecimiento infinito


Mi última obra publicada, UN DUQUE SIN HONOR, novela corta en ebook del sello Zafiro de Grupo Planeta, está dedicada a Javier Sanz, alma de la bitácora HISTORIAS DE LA HISTORIA. Ya que de su mano publiqué mi primer relato y, por eso mismo, creo que sus historias de la historia fueron el principio de la mía como escritora.
Fue hace ya mucho, allá por 2009, que mi relato ENTRE LAS AGUAS Y EL CIELO se alzó con el segundo premio en el concurso de relato histórico convocado en por él en colaboración con Toisón Ediciones. Gracias a ello se publicó en la REVISTA MEDIEVAL.
Años después, mi relato LA CHICA DE LA ISLA fue elegido el mejor relato del año y publicado en el primer número de la revista ENTROPÍA (Gram Editorial) de narraciones ilustradas.
Si no conocéis de HISTORIAS DE LA HISTORIA, os la recomiendo. Es una de las pocas webs que sigo, esperando con ganas sus artículos sobre curiosidades históricas.

Fue gracias a un artículo de Javier como conocí la existencia de las llamadas granjas de niños, tristemente populares en la inglaterra victoriana. Impresionada por esta realidad que siempre supera la ficción, quise imaginar un final feliz para uno de esos pobres chiquillos. Así nació la historia de Jeremy que es el fundamento de UN DUQUE SIN HONOR.

Así que, querido amigo que me empujaste a escribir y siempre avivas mi imaginación, va por ti esta novela corta a la que tengo tanto cariño.
Javier Sanz es autor de varios libros de anécdotas que no encontrarás en los libros de Historia, publicados por la editorial Anaya. Recomendadísimos para aprender de la manera más amena.
Dame tu voto en HispaBloggers!

Entradas relacionadas

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...